Jeep S.A.S. Britanico

Ref.: TAMI-35033

12,80 EUR

Jeep S.A.S. Britanico
Caracteristicas
Maqueta a escala 1/35 de la marca Tamiya para montar y pintar.
Reseña Historica
Era la noche del 26 de julio de 1942. La luna iluminaba la pista de aterrizaje. El aeropuerto alemán de Sidi Ennich tení­a la actividad de costumbre. La luna se ocultó tras las nubes. Las luces de un bombardero que aterrizaba en ese momento buscaban la pista. La apacible noche hací­a olvidar que aquellos eran tiempos de guerra. Nadie podí­a imaginarse que la base alemana, tan lejos del frente, estaba a punto de vivir una pesadilla. El ambiente estaba tranquilo. Entre remolinos de polvo, las ruedas del bombardero tocaron el suelo, cuando las ametralladoras pesadas empezaron a hacer un ruido ensordecedor y los motores a rugir. Un intenso humo negro cubrió la pista y la sumió en el caos. Las SAS, bajo las órdenes de David Stirling, acababan de lanzar un ataque sorpresa. Habí­an llegado desde más allá del mar del desierto, a más de diez millas. Sidi Ennich era uno de los aeropuertos más importantes para Rommel. Allí­ estaban casi la mitad de los aviones de Rommel: Stuka, Junker, JU52 y Heinkel. Abriendo fuego con sus ametralladoras, 18 jeeps avanzaban en formación cerrada. Los aviones alemanes ardieron uno a uno y los depósitos de combustible estallaron. Las llamas tií±eron de rojo el cielo sobre Sidi Ennich y se destruyeron sin compasión decenas de aviones alemanes. SAS son las siglas en inglés de Servicio Aéreo Especial. Esta era una unidad de servicio especial organizada en 1941 por el joven oficial británico David Stirling, y que participó en las misiones del Norte de ífrica. Su íºnico objetivo consistí­a en debilitar al enemigo infiltrándose en sus filas y hostilizando la retaguardia. Las SAS siempre se moví­an en secreto. Avanzaban más allá del desierto, recorriendo cientos de millas, y atacaban al enemigo de las formas más inesperadas en el momento más inesperado. Incluso se lanzaban en paracaí­das por la noche. Se dice que algunos campamentos y aeropuertos militares alemanes, situados en la retaguardia, estaban en continua tensión, pues temí­an un ataque sorpresa en cualquier momento. Para las SAS no resultaba fácil recorrer tantas millas por el desierto. Debí­an someterse a condiciones muy duras y los hombres estaban en constante peligro de muerte. Durante el dí­a, no era raro que las temperaturas superaran los 50ºC. No habí­a árboles que ofrecieran su sombra a los hombres. Por la noche, la arena se volví­a frí­a como el hielo y la temperatura solí­a bajar de 0ºC. Cuando se desataba una tormenta de arena, la íºnica solución era tumbarse en el suelo y esperar pegado a la arena a que pasara. Otras de las peores amenazas eran las epidemias y los insectos venenosos. Solí­an ser el golpe final para los hombres que ya estaban debilitados por el desierto. Y, por supuesto, el agua era un tesoro y podí­a conseguirse en limitadas ocasiones. Incluso cuando se encontraba una fuente, a menudo no era potable, pues estaba infectada por los cadáveres de soldados y animales que habí­an llegado en busca de agua y habí­an muerto en el manantial. Además, los enemigos de las SAS, como las Afrika Corps alemanas y las fuerzas italianas, no cejaban en su empeí±o de capturarlas. Evidentemente, las SAS íºnicamente estaban formadas por los mejores hombres. Cada uno de ellos era un profesional de la lucha en el desierto, con un cuerpo entrenado y endurecido por las condiciones del desierto y un espí­ritu indomable. Se decí­a que las SAS estaban a la misma altura que las brigadas blindadas. El principal medio de transporte que utilizaban era el jeep. En el periodo inicial de la guerra, antes de que apareciera este automóvil se utilizó el camión Chevrolet 30 CWT de 3t, y también en el íºltimo periodo. Aunque los jeep tení­an menos capacidad de carga, superaban a los Chevrolet en su maniobrabilidad campo a través, algo muy necesario para las SAS. Con el fin de soportar las condiciones del desierto y lograr sobrevivir, este cuerpo de elite demostró su ingenio con los jeep en numerosas ocasiones. El agua era muy preciada en el desierto. Si el motor refrigerado por agua se sobrecalentaba, el jeep se detení­a y la valiosa agua del radiador se evaporarí­a. Era muy difí­cil obtener agua para el radiador. Así­ que cortaban la rejilla delantera, menos dos barras, para facilitar la toma de aire y que la refrigeración fuera más eficaz. En la parte delantera de la rejilla colocaban una lata cilí­ndrica, conectada al radiador por un tubo. De esta manera evitaban el gasto innecesario de agua. En la lata siempre habí­a un poco de agua, el agua del radiador herví­a y se evaporaba, pasaba por el tubo hasta llegar a la lata, allí­ se enfriaba y volví­a al radiador. A este instrumento se le llamaba condensador. También se colocaba un protector en el carburador para que no entrara la arena en el motor. Se quitaba el parabrisas para que no reflejara el sol. El jeep cruzando el desierto era como un pequeí±o bote navegando en la inmensidad del océano. Un movimiento en la dirección incorrecta significaba la muerte. Para orientarse, utilizaban un instrumento llamado bríºjula solar, que colocaban en el panel de instrumentos. Indicaba la dirección mediante la posición de la sombra de un cable en el centro, que se proyectaba sobre una esfera. Este instrumento tan sencillo era muy íºtil cuando el sol brillaba en el cielo. También utilizaban un teodolito para orientarse mejor. El jeep también estaba equipado con placas para la arena. Estaban hechas de hierro, con forma de U, y medí­an unos 1,5m de largo. Cuando el vehí­culo quedaba atrapado en la arena, las poní­an bajo las ruedas para que saliera. Sobre el capó, en la parte trasera, los laterales y todos los sitios donde era posible, se colocaban varios bidones y sacos de piel con agua y combustible. Otros objetos imprescindibles eran una red de camuflaje para ocultar el vehí­culo y un mapa. Las SAS también llevaban todo lo necesario para el dí­a a dí­a, como sacos de dormir, mantas y alimentos. Cada uno de los vehí­culos estaba equipado con estos elementos necesarios, pero nunca actuaban solos. Para enfrentarse mejor a los peligros y posibles contingencias, siempre operaban en un grupo de por lo menos dos o tres vehí­culos. En el salpicadero y en la parte trasera de la carrocerí­a se montaba una ametralladora Browning y caí±ones Vicker K, dobles o individuales. Los Schemeisser, Luger y los proyectiles de las ametralladoras se colocaban a mano. Como es normal, las SAS también utilizaban todas las armas capturadas a los alemanes. Los miembros de las SAS vestí­an una camisa de media manga, pantalones cortos, trencas, prendas propias de aviadores, turbantes, etc., segíºn sus preferencias. El armamento y equipamiento de los jeep también eran variables, dependiendo de la misión y las preferencias de los hombres. No habí­a dos vehí­culos iguales en cuanto a armamento y equipamiento. Parecí­a que todo se habí­a cargado de forma desordenada, pero en realidad siempre se hací­a con un gran sentido práctico. Era necesaria la experiencia de aquellos soldados acostumbrados a combatir en el desierto para conseguir la mejor organización. Jeep del S.A.S. Britanico, incluye dos figuras.

Cant.
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